El PILOT Vs. las experiencias lingüísticas. Artículo de opinión de Daniel Delgado

Ayer encargamos nuestro primer auricular PILOT con la ilusión de que nos llegue a finales de verano…

¿Acaso nos hemos vuelto locos? ¿Qué hace una empresa dedicada en exclusiva al aprendizaje y práctica de idiomas en momentos de ocio, especialmente en el extranjero, alimentando a la bestia, comprando un aparetejo que acabará con su negocio en unos pocos años?

Por si alguien no sabe aún de qué se trata, hablamos de un auricular inalámbrico que actúa como un traductor casi instantáneo: te lo pones en la oreja y entiendes lo que te dice un hablante en otro idioma (de momento inglés, español, portugués, francés e italiano) y el otro lo mismo contigo.

Pero no, lo nuestro no es locura, si no la constatación de un hecho que sabíamos que llegaría seguro y la certeza de que las experiencias que viven nuestros estudiantes van mucho más allá de la práctica y/o aprendizaje de un idioma. Claro que creemos en la importancia de hablar y conocer una lengua sin la dependencia de un aparato, pero aunque se optara por la opción de no aprender un idioma más que el propio, creemos que aún seguiríamos siendo necesarios, quizá más que hoy mismo.

Hace ya unos años cambiamos la frase que acompaña a un nuestro logo de un muy descriptivo “nuevas propuestas para aprender idiomas en el extranjero” a otra más acorde con nuestra filosofía:experiencias lingüísticas”. ¡No fue casual!

Al inicio de nuestras reuniones informativas, desde hace lustros, explicamos que además del aprendizaje y práctica de un idioma, cuando un chico o una chica realiza un programa en el extranjero, está apostando por su crecimiento personal, buscando superar metas, planteándose nuevos retos en un momento de la vida en que se forjan las estructuras básicas como individuos y como ciudadanos.

Y si alguien cree que nos hemos apuntado a esta moda en tiempos recientes no hay más que leer la introducción de nuestro catálogo de 1998: “Aprender idiomas desarrolla mecanismos de pensamiento y agilidad mental superiores a los que proporciona el conocimiento matemático. Además practicarlo en un país extranjero te permite conocer otras culturas, otras formas de vivir y de entender el mundo. Ese es el punto. Estar preparados no para poner un tornillo sino ser capaces de entender los mecanismos de sujeción, analizarlos y buscar otras alternativas mejores”.

El pasado 12 de marzo, Iñigo Domínguez escribía en EL PAÍS, al respecto del lanzamiento del PILOT, un artículo realmente interesante del que os destacamos alguna de sus líneas pero que os invitamos a leer íntegramente.

“(…) cualquiera que haya tenido que estudiar otra lengua sabe que es transformarse en otro, descubrir otra manera única de ver e interpretar el mundo. Sabes una lengua cuando empiezas a pensar en ella, y a soñar en ella, y a ser capaz de hacer humor con ella. Es decir, abandonas tu castillo y entras en una cultura, te abres al otro, te pones en su lugar. Se necesita una predisposición a entender al otro, que quién sabe si se reducirá aún más (…).

(…) Quien tiene familias y niños bilingües, trilingües o incluso más sabe que hablar varios idiomas es un privilegio del conocimiento y la cultura. Es una ventaja cognitiva, de habilidad social y mental, de constante trabajo del cerebro (…).”

 

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