Ottawa, la ciudad en la que vivimos y su gente

Ya ha pasado casi un mes des de que los alumnos de la Escola Virolai y yo llegamos a Ottawa. Parece el momento propicio para hablar de esta bonita ciudad.

Pese a la familiaridad del estilo de vida occidental, las diferencias culturales entre Ottawa y Barcelona son evidentes. Están por todas partes, en las carreteras, los edificios, la comida, el idioma, el trato con las personas…

Se me hace muy difícil describir en que consiste la sensación de estar inmerso en un lugar tan parecido a nuestra casa pero a la vez tan distinto. Supongo un buen comienzo es comenzar por lo más obvio, la ciudad.

Así es Ottawa

Para los despistados, Ottawa es la capital de Canadá. Pregunta trampa en los exámenes de geografía, Toronto es más grande, así como Vancouver y Montreal. Sin embargo es la cuarta ciudad en tamaño del país la que contiene la infraestructura gubernamental.

Es la séptima capital mundial más fría y ya lo estamos notando. En los pocos días que llevamos aquí, hemos pasado del verano a lo que para nosotros es un invierno ‘ligerito’. Por lo que sabemos, los inviernos son largos y los veranos cortos. Por suerte o por desgracia, nosotros no experimentaremos el auténtico invierno canadiense, habremos vuelto antes de que llegue. A lo mejor veremos alguna nevada, lo justo para hacer unas cuantas fotos, pero nos perderemos la experiencia de ir patinando al colegio a lo largo del canal del Rideau.

Pero lo que realmente diferencia Ottawa de Barcelona no es el clima, son las distancias. La ciudad es gigantesca. Es tan grande que a veces parece que no estés en una ciudad. Hay kilómetros y kilómetros de zonas residenciales con casas al más puro estilo americano. Once de esas casas se han convertido en el nuevo hogar de Pol, Júlia, Alba, Max, Óskar, Eric, Guillem, Judit, Víctor y Paula y también en el mío.

 

Nuestra Ottawa

Vivimos en una serie interminable de bonitas casas que a veces se ven interrumpidas por un parque, un centro comercial o una de las abundantes y colosales escuelas. El horizonte es plano y uniforme, así que cuesta orientarse por la falta de referencias. Barcelona nos tiene demasiado bien acostumbrados.

Los coches y los buses van y vienen por las amplias calles que a nosotros nos parecen carreteras. El tráfico es más ordenado, casi rectilíneo, los buses… Siempre van tarde. Algunos, no diré nombres, ya saben de lo que hablo.

Una enorme franja verde, el llamado Green Belt, divide la ciudad. En el interior, la metrópolis original, fuera quedan los otros centros urbanos que fueron incorporados más tarde. Llegar al centro no es ninguna tontería, una hora en bus no te la quita nadie. Es mejor tomarse los desplazamientos con paciencia.

 

La gente de Ottawa

Los canadienses tienen fama de ser extremadamente educados. En Ottawa esto es un hecho. Más allá de los formalismos, la ciudad tiene el mayor porcentaje de científicos, ingenieros y doctores de toda el país. Al margen de lo académico, el trato en el día a día es extremadamente cordial y educado, casi parece sobre-actuado en ocasiones. Sin duda te hacen sentir bienvenido.

Es una ciudad extremadamente multicultural. Casi un cuarto de la población nació fuera de Canadá y eso se refleja en las escuelas. Chinos, Árabes y Franceses nacidos en Canadá, es decir, Canadienses forman una parte fundamental de la población. Esto explica la facilidad con la que los centros escolares reciben estudiantes internacionales.

Nuestros chicos y chicas se han hecho un hueco en el sistema y ya forman parte de la vida de tres escuelas Canadienses. Como se aprecia en las fotos, compañía no les falta. Hay muchos otros que están en su misma situación y que les prestan ayuda cuando lo necesitan.

Paula, Víctor y Julia junto a otros estudiantes internacionales de su escuela

Max, Judit y Guillem junto a los estudiantes internacionales de su escuela

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